Black Swan: Nosotros somos nuestro limite

La triste historia de una princesa convertida en cisne ha sido adaptada un millar de veces. Alguna de manera muy correcta y otras traicionando derechamente  el espíritu de la original. Curioso me parece la aproximación de Darren Aronofsky, que parece tomarlo de una perspectiva mucho más oscura y lúgubre que el resto.

Para los que no tengan idea de que trata el “lago de los cisnes”, trata de Odette una princesa que es sufre la maldición de tener que convertirse en cisne. La única forma de romper este hechizo es cuando Odette encuentre el amor verdadero, que parece representado con la figura del Príncipe Sigfrido, pero que al momento de elegirla, es seducido por una versión maligna de ella misma: el cisne negro y Odette, sumida en la tristeza, muere en el acto final.

Una compañía de teatro en New York planea volver a realizar esta obra del ruso Tchaikovski, para poder subir su audiencia y sus beneficios. Lo primero es escoger una nueva protagonista. Una bailarina que sea capaz de interpretar tanto al cisne blanco, como al cisne negro.  La daga de la fortuna cae sobre Nina (Natalie Portman), una extremadamente correcta bailarina, que como todos en esa profesión, se dedica completamente a la danza, sin darse el tiempo para otras cosas. Nina vive el sueño frustrado de su casi omnipresente madre, que se desvive por su hija. El problema de Nina es que es demasiado perfecta para el papel del cisne blanco: es muy dulce y delicada, llegando a casi la cobardía.

En contraposición esta Lily (Mila Kunis), una especie de versión “doppelganger” de Nina. Desinhibida, sensual, impulsiva, Lily es todo lo que Nina nunca fue, haciéndola perfecta para el papel del cisne negro.

La presencia de Lily, su inexplorada sexualidad, la presión del papel, su vigilante madre y su constante obsesión por ser perfecta, hacen que Nina sufra de sobremanera, dudando de la realidad que está viviendo. Le comienzan a pasar cosas extrañas, llegando a extremos kafkianos hacia la última hora de la cinta, dando momentos de angustia.

Natalie Portman esta perfecta en este papel. Más que en “Closer” me atrevería a decir. No solo por su contextura física y su cercanía con la danza (la que practico desde pequeña) sino en la representación de una chiquilla casi inocente, sopesada por las diferentes cargas que la trama le va imponiendo, evolucionando a una maquiavélica persona, o a una villana circunstancial. Casi toda la película pesa sobre los hombros de la pequeña actriz, muy similar a lo que le paso a Mickey Rourke en “The Wrestler” del mismo Aronofsky.

El trabajo del director es muy bueno, tanto en la dirección de los actores (comandados por Portman) como en la manera de plantear la obra de Tchaikovski como una especia de maldición que sufre Nina, al igual que Odette. El trabajo de espejos, siempre presentes a lo largo de la cinta y la colocación de la música original del musical son muy detalladas, dando la tonada de Tchaikovski siempre presente, ya sea en el ringtone de la madre de Nina u orquestada en el último acto de la película por poner ejemplos.

En definitiva, Black Swan es de lo mejor de este final de año. Cuidadosa, muy bien interpretada y acongojante a ratos, la hace una película digna de ver. De este modo cierro esta etapa en el blog. Quizás sea la última entrada que hago y quería que fuera algo bueno y Black Swan lo es.  Las cosas ya no están para que siga en este proyecto. El blog va a seguir abierto, por si quieren comentar algún post, pero no habrá nada nuevo en un buen tiempo. Estoy cansado, muy cansado. Un abrazo y adiós.

 

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